Hace años perdí el manuscrito de un libro que escribí sobre un tema que no tiene importancia. Era la época de la máquina de escribir y no tenía copias. Por eso me negué durante mucho tiempo a prestárselo a un amigo que insistía en leerlo. Hasta que un día se mudó y llegó a vivir a mi barrio, en un edificio de estudiantes. Entonces -pensando que vivíamos a dos cuadras de distanci
...
(... continúa)