Un Sueño Extraño
Soñaba que estaba con mi novia en una ciudad del Caribe. Estábamos en un pueblo indio, o más bien un barrio indio. Había grandes casas y edificios de barro. Todo era de color marrón. Las calles anchas. Era muy pobre todo. Yo salía una tarde a dar una vuelta por el barrio, que no conocía pues había estado, creo, mucho tiempo en casa. Me sorprendía descubrir que el barrio era enorme y que había incluso restaurantes. Eso no lo sabía yo. Volvía a casa a recoger a mi novia, pero algo ocurrió que me impidió llegar.
Me encontré de pronto en otro lugar de la ciudad. Una avenida, con casas de dos y tres pisos, de madera. Había un bandejón. Me había extraviado. Estaba a un lado de la avenida, entrando a un estrecho callejón. Me encuentro con un joven de origen asiático, que me pregunta qué me ocurre. Le digo que estoy extraviado. En ese momento miro hacia el otro lado de la avenida y veo una casa que tiembla o algo parecido, pues caen escombros desde su segundo piso. Me acerco a mirar y descubro que es una multitud de gente agolpándose contra sus vallas. Otros han entrado a la casa y arrojan por el balcón muebles destruidos y otras cosas. El asiático a mi lado también mira sorprendido. Veo de pronto que entre el gentío en la terraza de la casa hay un individuo apuntando hacia nosotros con un rifle, y disparando. Aviso al desconocido, y me arrojo al suelo cubriéndome la cabeza. Estoy detrás de unos matorrales. El desconocido se aleja y me dice que lo siga, que cree que mi barrio queda cerca de ahí.
Cruzamos el callejón. Al final hay un muro que debemos saltar. Pero yo no puedo. Descubro una pequeña puerta, semi-oculta, que empujo. Llegamos a otro callejón, mucho más estrecho. Ahí está la casa del asiático. Me hace entrar. Vive ahí con su hijito y su padre. Es un cuchitril bajísimo -debo inclinarme para entrar y seguir inclinado estando dentro. El padre se pone a cocinar. Echa unas lechugas o berzas en una cacerola. Algo no me gusta y decido salirme de ahí. Tengo miedo de que me ataquen. Creo que son caníbales.
Vuelvo nuevamente a la avenida. Creo que la cruzo, pero no logro saber dónde estoy. Me encuentro casualmente con un compatriota. No sé cómo comenzamos a hablar. Le digo: "Le voy a contar un sueño que tuve, que será la base de un cuento que escribiré. Se lo cuento porque puedo olvidarlo. Contándoselo a usted, podré recordarlo". Llegamos -creo que en un vehículo, pero no estoy seguro- a un restaurante que es propiedad de otro compatriota. En realidad, ahí parece que se reúnen la gente de mi país en esa ciudad. Es un restaurante marítimo y ofrecen diversas sopas de pescado.
El sueño que le cuento es el siguiente: "Soñé que me extraviaba en una ciudad y que alguien comenzaba a dispararme entre la multitud. Y tenía que descubrir por qué". Ahora recuerdo vagamente que la historia era más larga, pero no sé más. El hombre me miraba. Otro le preguntaba quién era yo. Y el desconocido respondía, cerrando el asunto: "Un traductor".
Me marchaba del restaurante y subía a la colina. Arriba llegaba de pronto a mi barrio indio. Descubría ahora que entre las casas y edificios había enormes libreros -de hasta dos pisos- pulcramente colocados junto a las calles. Entro por una avenida y sé que, aunque estoy en mi barrio, así no llegaré a casa. Decido entonces invocar a mi novia. La llamo quedamente y me acerco a un arco. La escalera lleva a un subterráneo. Aparece mi novia, subiendo. De un edificio al lado bajan tres chicas, riéndose, llenas de pañuelos, muy oníricas. Mi novia se ve muy cansada, pero sonríe. "He descubierto algo increíble", le digo. "¡En el barrio hay restaurantes!"Pero no es lo que le quiero mostrar.
La llevo dulcemente por una calle y llegamos de pronto, en la colina, a una calle que da a un río, en una región muy verde, soleada, con casas de dos y tres pisos a sus lados -como si estuviéramos en el Rin. Me doy cuenta de que me he equivocado ¡de paisaje! Veo que ella se inquieta y la alejo rápidamente de ahí. Busco otra calle y finalmente encuentro una que baja hacia un río -pero no él mismo. Bajamos lentamente por un sendero estrecho y sinuoso y debemos pasar por una calle con casas de barro y muy ancha. Nos parece un paisaje muy parecido a Galicia, pero a una Galicia de otra era, desconocida.
Nos acercamos al restaurante donde se reúnen mis compatriotas. Contra el malecón, antes de llegar, rompen fuertemente las olas y el agua se derrama sobre el pavimento. Mi novia se asusta. Y decido entonces -pues vengo en la convicción de mi novia está conmigo en sueños- que el mar pierda su embate. Deja de estar encabritado y ahora las olas chocan suavemente contra el rompeolas. Así llegamos al restaurante.
No sé por qué me interesa tanto mostrarle ese restaurante. Pedimos una sopa de mariscos, pero es muy extraña, ya que nos sirven el líquido, muy poco, separado de las substancias -un marisco que no se conoce en Europa- junto con unas algas y un trozo de pan.
Ese es el sueño. Lo más extraordinario es que, en el sueño, yo mismo decido cambiar algunas circunstancias del mismo: primero, cuando, sin saber cómo ni por qué, aparezco en un paisaje que no corresponde con el sueño -es decir, un río más bien germánico y no la ciudad del Caribe donde estoy- y, luego, cuando decido que las olas no deben romper con tanta fuerza contra el malecón para no asustar a mi novia.
Le pregunté a mi novia qué había soñado. Pero aunque yo aparezco en su sueño, este no se parece en nada al mío.
Mi Amigo Muerto Me Vino A Ver En Un Sueño
Me llamaba la atención que estuviera tan silencioso y le pregunté qué le pasaba. Sin apenas levantar la vista, y con una voz muy débil, me dijo: "Mi hermano fue con mi mujer a casa de ***". Ese *** era yo, pero tampoco. El nombre que dio era el de un hombre que llevaba mi apellido, pero otro nombre de pila. Pensé que se refería a mi hermano. Pero me di cuenta de inmediato que se refería a mí, en otra vida. Eso pensé en el sueño. En su voz había reproche. Agregó dónde. Es otro pueblo de España, pero no puedo recordar su nombre. Se me olvidó.
En el sueño se acerca un autobús. Salimos todos corriendo, menos él. Pero antes de salir me pongo a recoger las chaquetas de todo el mundo, que han dejado en su apresuramiento en una silla. Por más rápido que lo haga, no dejan de aparecer más y más chaquetas. Tengo miedo de que el bus se vaya sin mí.
Desde que desperté estuve tratando de recordar el nombre de ese pueblo. Creo que lo supe un instante. Cuando lo quise apuntar ya lo había olvidado.
Como siempre, le conté mi sueño a mi novia. Me dijo: "Soñé yo también con él. Como en el sueño anterior, soñé que se había metido a la cama, entre los dos. Justamente te quería contar el sueño".
Cómo Recuperé Un Manuscrito Extraviado
Así pasó el tiempo. Meses después, cuando volvió mi amigo, ya recuperado de sus males, le pregunté por el manuscrito. Recordaba el manuscrito, pero no sabía dónde estaba.
Pasaron años, quizás seis. No volví a pensar en el asunto. No había nada que hacer. De ese libro sólo se había publicado un capítulo. No tenía tiempo para volverlo a escribir y dejé el asunto de lado.
Un día me levanté y me senté, como de costumbre, a mi escritorio. Había una carpeta verde, desteñida, junto al tablero del ordenador. No sabía qué era ni recordaba estar trabajando con esa carpeta. La abrí. Era mi manuscrito.
Extraña Coincidencia
Bien, ahora tenemos un nuevo aparato, que aparentemente lee cualquier cosa, pues nunca ha fallado con nada. Y decidimos meter el viejo vhs pal USA para ver si esta vez lo podíamos ver. Y así fue. Estábamos a punto de ponernos a cocinar, a eso de las seis y media, y decidimos darle primero una mirada al video. Así lo hicimos. Conocimos a sus amigos. Pasamos por una cena. Varias tomas de calles de Segovia y de Madrid. Y, naturalmente, la corrida. Sigo sin recordarla. Era un día lluvioso. No había demasiada gente. He visto matadores mucho mejores. Pero ahí estaba, la primera corrida que vi con mis propios ojos.
Pero en algún momento, de repente, apareció en la pantalla, abajo, la fecha en que fue hecho el video, con letras amarillas: 11 de octubre de 1986, 18:36.
La fecha en que estábamos viendo este video era 11 de octubre de 2004, entre 18:30 y 18:40.
Todavía se me ponen los pelos de punta.
Soñé Que Era Atacado Por Demonios
También en un momento, escapando, vi el planeta Tierra. No desde muy lejos, quizás desde alguna de las capas superiores de la estratosfera, porque veía claramente la curvatura del planeta, y sus océanos. Siempre escapando. En ese momento -como ahora que escribo- sentía mucho temor. Eran demasiados demonios, aparecían por cualquier parte de improviso y no sabía ya dónde escondernos. Pasé así una buena parte de la noche.
De pronto desperté muy aterrado. Sentí la presencia de los demonios en el dormitorio, pero sin verlos. Mi novia dormía a mi lado. Puse mis brazos en cruz y comencé a gritar algo así como: "¡Tienes miedo de la cruz, tienes miedo de la cruz!", o algo similar, cientos de veces. Pero su presencia era muy fuerte. Me obligué a despertar completamente (estaba yo tendido en la cama, con los brazos cruzados sobre mi pecho) y encendí la luz. Fui al baño. Me tranquilicé algo (hoy he descubierto que el teléfono de la ducha, mejor dicho, el fierro del que cuelga, forma inesperadamente una cruz plateada). Salí y dejé la luz encendida -lo que nunca hago, pues soy de las personas que gustan de la oscuridad más absoluta y no tengo problemas en orientarme en ella). Tenía mucho miedo, y estaba completamente en mis cabales. Volví a acostarme y sentí la presencia de esos demonios, revoloteando en el cuarto. Crucé nuevamente los brazos y comencé a entonar esa frase que no recuerdo exactamente. Me cansé de tener los brazos en cruz y de estar tendido boca arriba. Crucé entonces los dedos y volví a dormirme.
Luego, al despertar nuevamente por la mañana, se me han venido una serie de cosas a la cabeza y a los labios. Por ejemplo, que se trató de un ataque de los demonios y que el ataque tiene que ver con los fascistas. Es raro. Aunque soy anti-fascista como muchos de mis amigos -más que eso soy amante de la vida- no me atrae realmente ocuparme en exceso del tema, lo que evito a pesar de la realidad del país en que vivo. Pero veo a esa gente como salidos del infierno y venidos a la Tierra a causarnos mal. Bien, se me ha venido a la cabeza que Dios nos protege y que de alguna manera hacemos parte de su causa. Ahora las palabras de un amigo -que somos el pueblo de Dios- adquieren un nuevo sentido para mí. También se me ha venido a la cabeza que nuestra causa es justa y es también la de Dios. También, de todas las cosas, que yo pude protegerme haciendo la cruz con mi cuerpo, pero que en realidad es buena y casi solamente la cruz de plata (y no la de oro, que me suena muy mal y me parece que no puede ser la nuestra). Es muy raro lo que digo. Me suena extraño a mí mismo. Mañana saldré a buscar cruces, que me digo tendré que llevar y colgar en todas las habitaciones y armarios de casa.
Creo que el ataque de los demonios tiene que ver como digo con los fascistas. Ahora, aquí nadie se llama a sí mismo fascista. Según creo, se ocultan bajo otros nombres en partidos establecidos y operan a altos niveles del gobierno. Más que fascistas son en realidad nazis. Pero tampoco sé muy bien porque digo esto. Creo que el fascista persigue un orden injusto y que su énfasis en el orden puede ser muy negativo. Pero el nazi es sólo odio y caos y sólo quiere el mal de la humanidad, y su destrucción. Son, como creo, demonios.
Casualmente hoy abro un diario de algunos días que tenía por leer y lo primero que encuentro es una reseña de una novela de un autor judío en que uno de sus personajes -el principal, creo- es un nazi que se ha disfrazado de judío, hasta el punto de que se convierte, se hace la circuncisión y termina finalmente como gran líder de los judíos, a los que luego exterminará. El autor traza paralelos con personajes de este país y aclara que por curiosas razones -no tan curiosas, en realidad- los nuevos nazis son más que todo anti-musulmanes. Pero lo son porque, hijos de nazis, se han identificado con los judíos y pretenden servir la causa judía propagando el odio y la destrucción de la humanidad musulmana. En realidad, cualquiera puede ser su blanco, porque sólo buscan la destrucción y tanto les da la invención de un enemigo que de otro. De momento, son los demonios anti-musulmanes, pero llegará el momento en que se descubra su odio de los judíos y de todo lo que les sirva para hacer de otras humanidades objeto de su odio.
Digo lo que se vino a la cabeza a raíz del sueño, en el improbable intento de darle una explicación. A nivel consciente pienso a veces que bin Laden y los suyos son también demonios, pero nunca he confundido a esos monstruos con los musulmanes ni con los árabes, cultura y pueblo por los que siento simpatía y entre los que no incluyo necesariamente a sus fanáticos religiosos con la cabeza sumergida en los vahos pantanosos de enfermizas especulaciones teológicas. Tampoco he soñado con ellos.
Me queda rondando esa idea que leí y a cuyo autor conozco bien. Somos el pueblo de Dios.
Un Vecino Que Murió Vuelve En Forma De Pájaro
Bueno, se nos vino de inmediato a la cabeza que era el vecino muerto. Pero no podemos entender a santo de qué venía a llamarnos así a la puerta de casa. Le dije pues a ella el frío que había sentido y me dice ella que también lo siente. Es un frío raro, como que pasa por tu lado y te pone los pelos de punta.
Más tarde, casi al anochecer, se aparece un pájaro negro (una especie de tordo, negro, grande, con algunas vetas blancas en el plumaje) y se posa en la copa del árbol que da justo a la ventana del vecino muerto. Y se pone a cantar increíblemente. Que paraba los pelos. En esa época (me parece que fue enero y aquí es invierno frío) no hay pájaros en la ciudad. O apenas gorriones y gaviotas, que ya no se van. Pero no esa especie. Como quiera que sea, estábamos cenando junto a la ventana y el pájaro cantaba y yo tenía la impresión de que me estaba mirando. Luego de cantar, voló en torno al árbol varias veces. Luego se marchó.
Esto era demasiado. Creo que los romanos creían que los muertos vuelven a veces como pájaros. Estoy sospechando algo que no puedo creer. El pájaro volvió al día siguiente y era el único pájaro en todo el vecindario. Y volvió al día después. Desde entonces ha pasado más de un año. Y este año volvió, una vez. Cantó, voló en torno al árbol y se fue.
Me olvidaba de que cuando mi novia llegó arriba y se asomó a la salita, había una mariposa negra en la lámpara ese día. Estuvo revoloteando un poco y luego se fue. El vecino conocía mejor a mi novia que a mí. Había sido vecino de ella antes. Se reía mucho con ella, pues le alegraba oírla cantar en el balcón de cuando eran vecinos.
Su amigo estaba ahí ese día velando su cadáver, que fue retirado al día siguiente. El amigo se marchó y no le hemos vuelto a ver.
Más Sobre Mi Amiga Fantasma
Mi Amigo Se Vino Del Cementerio A Advertirme
Pues bien, llegamos al cementerio y lo primero que vemos es que la tumba ya no está. Me explico. En el lugar donde estaba su tumba había una lápida con el nombre de otra persona, desconocida. Y su foto (que habíamos puesto a modo de lápida, apoyada contra el tallo de una flor y de una cruz que hay ahí) estaba por detrás. Nos asustamos y fuimos a preguntar que dónde habían dejado a nuestro amigo.
Está ahí mismito. En ese lugar el ayuntamiento enterró a tres muertos (mi amigo era indigente, por eso). La familia de uno de ellos llevó su lápida (de mármol). Nuestro amigo tiene una foto con la esquela de su defunción. El otro enterrado no tiene ni lápida ni nombre ni sabía yo que estaba enterrado aquí.
No me importa rezar por otros muertos.
Así entendí esos días en que sentía tan fuertemente su presencia. Mi amigo (Jordi, era catalán) debe haberse pegado un susto enorme, pensando que lo sacaban de ahí, y vino a pedirnos ayuda. Por cierto, antes de morir, Jordi era ateo.
Mi Ex Vio Un Platillo Volante Y Lo Olvidó
Hace unos años, mi ex y mi hijo asistieron a una boda que se realizó en un yate en un río. Había muchos invitados. Por la noche, se vio de pronto un enorme platillo volante, negro, inmóvil, muy cercano. Estaba muy iluminado y se veían ventanillas. Era un objeto ovalado, muy similar a nuestra idea tradicional de un ovni.
Me lo contaron el día después, muy excitados. Yo lo apunté en un cuaderno. (No sé dónde está este cuaderno, pero lo tengo en el sótano, en alguna caja). Años después, como le hablara yo a un amigo de esta experiencia, le pedimos a mi ex que nos la contara otra vez. Y ella dijo que no sabía nada, que no se acordaba de nada. Sí se acordaba de la boda en el yate, pero no del platillo. Además, le parecía muy improbable que ella hubiese visto un ovni. Mi hijo no se encontraba en ese momento, pero cuando nos vimos poco después le pregunté por el asunto. Me dijo que tenía un recuerdo muy borroso. Sí, recordaba que había visto algo en el cielo, pero no sabía qué era y no recordaba ni el platillo ni las luces.
En su momento, mi ex me dijo que todos los invitados que estaban en el yate habían observado el fenómeno y que había durado, la visión, minutos.
Ocurrió en los años setenta. No sintieron miedo.
Conocí A Un Señor Que Fue Abducido
Hace algunos años me reuní con el cónsul de un país sudamericano. Me contó, en el jardín del edificio de la delegación, que me contaría su historia a condición de que no revelara su nombre. La historia es que, encontrándose él con dos colegas de la empresa donde trabajaba, poco después de terminar sus turnos y a punto de entrar a un restaurante de carretera, fueron de pronto envueltos en una fuerte luz. Lo siguiente que recuerda es que estaban los tres a bordo de un platillo volante y que había extraterrestres a su lado. Voy a dejar de lado la descripción de los extraterrestres, porque no me acuerdo y tengo los papeles embalados. Pero creo que los describió como muy parecidos a nosotros, pero muy rubios, platinados, y altos, como algunos describen en los libros sobre el tema a los habitantes de las Pléyades. Sigo. Creía que le habían curado de varios males que le afectaban. Dijo que los extraterrestres le dejaron en el mismo lugar y que curiosamente sólo habían pasado diez minutos desde su abducción, mientras que ellos habían pasado varios días en lo que parecían ser otras dimensiones.
Me contó que los extraterrestres le habían llevado por el mar, en la misma nave, cerca del Golfo de México o en algún lugar del Caribe y que el platillo volante había pasado por entre unas columnas, que le dijeron que eran las columnas que sostenían no sé si la franja de tierra que se extiende entre América del Sur y México o algún puente. En todo caso, no parecía que tuviera que ver con el Canal de Panamá y era evidente que estaban en una época muy anterior, tan anterior que es inimaginable. Luego le llevaron a Machu Pichu, pero en una época en que la ciudadela era una ciudad junto al mar. Dijo que había tratado de comunicarse con ellos, diciéndoles lo que pasaría después, sobre todo que Machu Pichu no sería ya una ciudad a la orilla del mar, sino en las alturas de la montaña.
La entrevista que le hice fue publicada luego. Algún día me haré de tiempo para re-encontrar la revista donde fue publicada. Pero creo que esa era, esencialmente, su historia.
El señor cónsul era un hombre de unos 50 años, muy serio y honesto. Quería contar su historia, pero no poner en peligro su trabajo y su prestigio. Por eso me suplicó que no revelase su identidad.
El Vecino Se Topó Con Un Desconocido Que Sabía Todo Sobre Él
Mi novia me contó -recién, pues acaba de llegar- que un vecino la paró en el descanso de la escalera para contarle, excitadísimo y casi fuera de sí, que se había topado en la calle con un desconocido que le había contado cosas de él que sólo él sabía. Según mi novia, el desconocido lo paró, le dijo luego que escribiese en un papel algunos secretos suyos, el papel lo metió en un sobre, y luego se largó a contarle secretos que no había revelado..., que en todo caso no le había revelado a él. Por ejemplo, que quería emigrar, que tiene 48 años y que tiene la casa pintada de negro. El desconocido tenía aspecto de indio. Y le pidió dinero.
Hace unos años, un amigo se encontró, aquí, en la misma ciudad, con un señor parecido, que igualmente le hizo escribir unos secretos en un papel. Venía de India. No recuerdo más, excepto que mi amigo sospechaba que era Dios. (Eso le duró unos días). Porque le dijo varias verdades que nadie sabía. Ese señor también le pidió dinero.
Vi Dos Objetos En El Cielo Y Creo Que Son Platillos Volantes
Tenía yo quizá unos doce años. Estaba con un primo en la parada de autobuses, esperando el nuestro. Era algo después de un mediodía, creo de primavera. Había más gente en la parada. De pronto alguien llama o yo mismo miro, no recuerdo, y veo dos objetos brillantes, lejanos, realizando desplazamientos muy raros. Por ejemplo, se fueron a una velocidad determinada en una dirección, y torcieron y cambiaron de velocidad. Estábamos todos mirando sorprendidos. Luego los dejamos de ver. En total, éramos unas diez personas.
Mi ABuelo Muerto Se Le Apareció A Mi Novia
En una ocasión llegó a casa la novia de un amigo. Se había discutido con él y quería descansar un poco. Mientras mi novia la atiende, siento una gran urgencia por ir a casa de mi amigo. Llego a su casa. No hay nada anormal. Creo que él decide preparar café. Al poco rato aparece mi novia, asustada y agitadísima. Sube al piso, entra y se dirige a la cocina, a apagar el caño del gas, que estaba abierto. Me contó que después de salir yo de casa, había sentido que alguien o algo la impulsaba a ir detrás de mí, que auguraba algo nefasto en relación con llamas. Me dijo que pensaba que había sido mi abuelo, pues conocía la otra historia. Mi amigo y yo estábamos en la sala y no nos habíamos dado cuenta.
Mi Amiga Fantasma Le Arrojó Una Foto A Otra Amiga
Poco después de la muerte de una amiga (a la que me referí antes), unos amigos organizaron una velada musical para alegrar quizá la tristeza de las semanas posteriores a su partida. Invitaron a dos cantantes. El podio improvisado tenía por fondo la pared de donde colgaban los retratos de mi amiga muerta y de su padre (también había muerto, pero antes, y su retrato colgaba ahí más de un año). Al tomar la guitarra una de ellas, cayó fuertemente el retrato sobre ella (el retrato de mi amiga). Una persona presente comentó entonces que la difunta no le tenía simpatía a la cantante. Esta historia parece banal, pero hay que leerla en el contexto de otras cosas también nimias, pero extrañas, que ocurren después de su muerte. Me contó el camarero que en una ocasión, discutiendo con su patrón en el comedor (estaba cerrado todavía) sobre qué habría decidido sobre tal asunto la difunta, la vela que estaba encendiendo se inflamó, alcanzando más de medio metro de altura. Quedaron todos espantados.
Soñé Que Estaba En Las Pléyades
Siendo muy niño (¿diez años?) tuve un sueño muy extraño. Veía yo unas estrellas tres- muy brillantes y muy cercanas. No lograba ya despierto- identificarlas. En esa época miraba yo aparentemente las estrellas. Digo aparentemente porque no recuerdo que haya sido muy estudioso de estas cosas, pero sí recuerdo que podía identificar algunas constelaciones. De pronto me di cuenta de que en realidad lo que yo había visto en el sueño eran las tres estrellas del cinto de Orión o las Tres Marías- y que eso naturalmente quería decir que las había visto desde otra estrella que la Tierra, y mucho más cercana a ellas. Pensé entonces que tendría que haberlas visto desde alguna de las estrellas de las Pléyades (las Siete Cabrillas). En el sueño veía la casa de mis padres, quiero decir, la misma casa y el mismo barrio y las mismas montañas que donde vivía efectivamente, pero diferente, todo cubierto de un fino hielo. Y frío. Y muy nítido. Caminaba yo en el sueño a casa, y doblaba la esquina para llegar. Veía a mis vecinos de infancia. Y miraba el cielo. Entonces veía esas tres estrellas. No volví a pensar en ello sino hasta mucho después en mi vida, a los cuarenta años y viviendo en otra ciudad que donde nací. Hacía en ese momento un reportaje sobre un grupo de gente que decían estar en contacto con civilizaciones extraterrestres. Debo decir aquí que, por el avistamiento que tuve, no dudo de la existencia de los platillos volantes ni que la tesis de su origen extra-terrestre no sea la mejor disponible (en mi opinión); sin embargo, hay muchas teorías y personajes en estos círculos que son muy estrambóticos. En esa ocasión debía entrevistar a una señora que decía que tenía acceso a los archivos cósmicos que, me explicó, eran una suerte de biblioteca donde se conservaba nuestra hoja de vida de todas nuestras vidas, futuras y pasadas, etc. Llevaba ella un estrecho traje plateado; también era plateado su pelo. Creo que iba disfrazada de marciana, de tripulante interestelar. Acepto entonces que eche un vistazo a mi hoja, ya que estamos en ello. Me dijo un montón de cosas. Entre ellas, que seguramente había sido yo un sacerdote maya y que me dedicaba en todas mis vidas a cosas como la astronomía. Y cosas similares. Y luego me dice: En realidad, tu gente no es de aquí, es de las Pléyades. Tú eres de las Pléyades. Me explicará luego que no es que yo haya nacido allá, sino que hago parte de esa tribu. Me dijo también que en realidad mi gente habitaba o habitó- una estrella de Orión, y que constituía una colonia rebelde. Esto es, una colonia rebelde de pleyadianos que nos habíamos rebelado contra la opresión de los oriónicos. (Los oriónicos son como los malos del universo; seres medio reptilescos, dicen, muy inteligentes, pero nazis, que quieren apoderarse del universo). Curiosa coincidencia, ¿verdad?
Mis Cuadernos Llegaron A Casa Antes Que Yo
Mi novia y yo nos mudábamos. Habíamos dejado un día para el traslado de los libros, que son muchos (había libreros cubriendo todas las paredes de la sala). Saco de la estantería una colección de manuscritos míos (son notas de viaje; apunto en unos cuadernos enormes, hechos en China, muy cómodos), alrededor de 10 cuadernos, y le dijo a mi novia que los dejaremos encima de todo para no olvidar llevárnoslos (las cosas muy valiosas las transportábamos a mano, en nuestras biciletas). A la hora de salir, no los pudimos encontrar. Volvimos a repasar, tranquilamente, libro por libro, y no los encontramos. Repetimos tres veces la operación de registro. Salimos a revisar en los pasillos, debajo de la escalera, en el buzón de cartas Tarde por la noche abandonamos la búsqueda y nos fuimos a la nueva casa. Lo primero que vimos al entrar al salón de la nueva casa, ordenados en una prolija pila encima de la mesa, ¡todos los cuadernos extraviados!
Mi Abuela Se Despidió De Mí Al Morir, Pero Yo No Estaba Ahí
Esta experiencia la tuve de niño y de viejo. Mi abuela materna murió cuando yo tenía, creo, cinco años o menos. Esto recordaba yo de mi abuela: estábamos todos (la familia) en la casa de campo. Ella estaba muy débil, en cama. Estaba agonizando, creo. Me dijo que no me entristeciera, que nos volveríamos a ver y que velaría por mí. Yo sabía que moría. Me entristeció seguramente mucho, porque la quería mucho y me había criado con ella. Ella murió, en mis recuerdos, casi a la puesta de sol. Por la ventana del dormitorio, entraban unos tenues rayos de sol, a través de los árboles (paltos) y de la reja de hierro. No recuerdo haber contado esta escena de despedida a alguien. Hace algunos años –iba yo ya por los treinta años- me visitó mi madre y mi tía su hermana en la ciudad donde vivo, y una noche, hablando de la abuela, recordé su muerte. No recuerdo exactamente cómo comencé mi historia, pero no bien empezado reaccionaron las dos asombradas, diciéndome que para la muerte de mi abuela yo estaba en la casa de la ciudad y me habían ocultado su muerte. Era mi turno de mostrarme muy sorprendido. Yo siempre supe que la abuela había muerto. Me había despedido de ella. Y nunca volví a preguntar por ella, porque sabía que no estaba. En cambio, ellas dos sí habían estado con ella en el momento de su muerte. Les dije entonces que yo contaría los detalles de la habitación en ese momento: la hora coincidía, y sí, los rayos del sol entraban por la ventana. La ventana daba a un patio de árboles. Había una mesita de noche. En la mesita había una vela, en una pequeña palmatorias. Se estaba apagando y una de mis tías puso una nueva. Después de que mi abuela me acariciara la cabeza, una prima o tía me sacó del dormitorio y me llevó al salón. Mi madre y mi tía confirmaron todos los detalles (menos que yo hubiese estado ahí) y estaban igual de sorprendidas que yo, pues ellas nunca me contaron esos detalles, ni me los hubiesen contado. Yo, por lo demás, nunca pregunté (uno no pregunta lo que sabe). El dormitorio tenía dos puertas. Una de ellas daba a un corredor exterior, que conectada todas las habitaciones que daban al mismo corredor. Esa puerta, el día que murió mi abuela, estaba cerrada. También sabía yo eso, y era así. Ninguna de las dos recordaba haberme dicho que ella había muerto, ni en los días después de su muerte ni nunca y las dos suponían que yo, ya adolescente, me había enterado por mis primas de los detalles de su agonía. Pero no fue así. Nunca he hablado con mis primas sobre la muerte de mi abuela. Ni entonces, ni ahora, que tengo 53 años.
Alguien Invisible Tocó El Violín
Hace algunos días se acercó mi mujer estaba en el dormitorio- a decirme Exactamente a decirme Cuando se apareció en la sala, donde estaba yo con el ordenador, me dijo: Escuché algo que no vas a creer. Tienes que decirme qué crees tú. Mira, estaba en el baño y escuché unos ruidos raros en el dormitorio, y entré al dormitorio y, aunque estaba el radio encendido, escuché claramente Y se disponía a decirme finalmente qué había escuchado, cuando escuchamos los dos ¡el sonido de un violín! En ese momento, no sabía yo qué me quería decir mi mujer, de modo que cuando oí esas cuerdas me volví hacia la pantalla del ordenador pensando que podía ser una alerta o un mensaje o algo similar, más preocupado en realidad por el volumen. Obviamente de ahí no provenía el ruido (no había volumen y no había ningún programa de audio funcionando en ese momento), porque lo inundó todo. Estaba muy cerca, estaba en todas partes. Mi mujer estaba lívida. Me dijo: Eso es lo que escuché en el dormitorio ¡El violín! En la oreja. Pensé que era el radio, pero no era. Por eso te vine a contar. Ella cree que es un amigo que murió hace poco. Mi mujer tiene un violín. Está en la sala. Y está en su caja, que ella abrió la última vez en diciembre del año pasado.
En Casa De Un Amigo Vive Un Fantasma
En casa de mi amigo vive su camarero, también amigo suyo y que no ha encontrado habitación. Nos cuenta este camarero que él cree que en su casa ronda su mujer muerta, porque a veces casi a diario- escucha los pasos de ella cruzando desde el dormitorio hasta el baño. Los ha escuchado varias veces. Según el camarero, pareciera que vive ahí, porque esos pasos se escuchan siempre por la mañana, junto con los demás que se levantan a esa hora a ocupar la ducha.