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Soñé Que Estaba En Las Pléyades

Siendo muy niño (¿diez años?) tuve un sueño muy extraño. Veía yo unas estrellas –tres- muy brillantes y muy cercanas. No lograba –ya despierto- identificarlas. En esa época miraba yo aparentemente las estrellas. Digo aparentemente porque no recuerdo que haya sido muy estudioso de estas cosas, pero sí recuerdo que podía identificar algunas constelaciones. De pronto me di cuenta de que en realidad lo que yo había visto en el sueño eran las tres estrellas del cinto de Orión –o las Tres Marías- y que eso naturalmente quería decir que las había visto desde otra estrella que la Tierra, y mucho más cercana a ellas. Pensé entonces que tendría que haberlas visto desde alguna de las estrellas de las Pléyades (las Siete Cabrillas). En el sueño veía la casa de mis padres, quiero decir, la misma casa y el mismo barrio y las mismas montañas que donde vivía efectivamente, pero diferente, todo cubierto de un fino hielo. Y frío. Y muy nítido. Caminaba yo en el sueño a casa, y doblaba la esquina para llegar. Veía a mis vecinos de infancia. Y miraba el cielo. Entonces veía esas tres estrellas. No volví a pensar en ello sino hasta mucho después en mi vida, a los cuarenta años y viviendo en otra ciudad que donde nací. Hacía en ese momento un reportaje sobre un grupo de gente que decían estar en contacto con civilizaciones extraterrestres. Debo decir aquí que, por el avistamiento que tuve, no dudo de la existencia de los platillos volantes ni que la tesis de su origen extra-terrestre no sea la mejor disponible (en mi opinión); sin embargo, hay muchas teorías y personajes en estos círculos que son muy estrambóticos. En esa ocasión debía entrevistar a una señora que decía que tenía acceso a los archivos cósmicos que, me explicó, eran una suerte de biblioteca donde se conservaba nuestra hoja de vida –de todas nuestras vidas, futuras y pasadas, etc. Llevaba ella un estrecho traje plateado; también era plateado su pelo. Creo que iba disfrazada de marciana, de tripulante interestelar. Acepto entonces que eche un vistazo a mi hoja, ya que estamos en ello. Me dijo un montón de cosas. Entre ellas, que seguramente había sido yo un sacerdote maya y que me dedicaba en todas mis vidas a cosas como la astronomía. Y cosas similares. Y luego me dice: “En realidad, tu gente no es de aquí, es de las Pléyades. Tú eres de las Pléyades”. Me explicará luego que no es que yo haya nacido allá, sino que hago parte de esa tribu. Me dijo también que en realidad “mi gente” habitaba –o habitó- una estrella de Orión, y que constituía una colonia rebelde. Esto es, una colonia rebelde de pleyadianos que nos habíamos rebelado contra la opresión de los oriónicos. (Los oriónicos son como los malos del universo; seres medio reptilescos, dicen, muy inteligentes, pero nazis, que quieren apoderarse del universo). Curiosa coincidencia, ¿verdad?
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